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Porque “política” fue la decisión de crearlo y “política” fue la necesidad de modificarlo. De ninguna manera tuvo, en los dos casos, carácter “técnico”. Esto último, fue necesario sólo para su instrumentación. Funcionarios del gobierno arista, como Lepez y Dorfman y aún la propia Ríos, valoraron altamente las posibilidades que se creaban a partir de la puesta en marcha del Consejo Económico y Social, dotándolo de, casi, un halo mágico, donde “democráticamente” “todos los actores” de la vida social, política y económica de Tierra del Fuego, iban a discutir sobre las prioridades a la hora de asignar los recursos provinciales. Pero lo idílico elaborado por la mente humana, trastoca, muchas veces, con lo palpable, con lo concreto. Lo imaginado como lineal, como un camino recto, suele terminar tornándose sinuoso, cuando no, escabroso. La participación, la discusión para alcanzar consensos, el compromiso de toda la sociedad con la realidad, que se sabe, hay que transformarla para hacerla más justa, fueron y son premisas levantadas como banderas por la mayoría de la dirigencia política, en particular, por quienes hoy ejercen el ejecutivo provincial. Por ello, generó expectativas la convocatoria a las distintas fuerzas políticas, realizada por la gobernadora Ríos, tras la renuncia de su compañero de fórmula, Carlos Bassanetti, al cargo de vicegobernador. Y la constitución del Consejo Económico y Social –independientemente de la valoración que se tenga de ese organismo- se convertiría, en la mente de los funcionarios de gobierno, en la herramienta institucional para la búsqueda de esa participación y esos consensos. Pero cuando quienes no participaban de él, reclamaron su lugar, el oficialismo arista en la legislatura y luego el gobierno provincial, cerraron las puertas en la pretensión que nadie más lo integre. Participar, pero no tanto. Amplia convocatoria, pero hasta ahí. Estas últimas parecen ser las nuevas premisas de la dirigencia del ARI en el gobierno
|| Fuente: (csg)
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