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Discurso de Cristina en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas

[14/06/2012 | 23:14 ] .


PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN CRISTINA FERNÁNDEZ EN LA SESIÓN “CUESTIÓN MALVINAS”, DEL COMITÉ DE DESCOLONIZACIÓN DE LA ONU, NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA



Muchas gracias señor presidente: en principio quiero agradecerle a este
Comité histórico de Descolonización de Naciones Unidas la deferencia que
me hace, me siento con un gran honor de poder hablar ante este Comité y
todos sus miembros. Este Comité creado cuando surgieron los movimientos de
liberación en el África, cuando la Asamblea de Naciones Unidas entonces
emite su ya emblemática Declaración sobre el Colonialismo y confiere
precisamente, a través de la creación de este Comité, el ámbito
institucional, multilateral, global que encare definitivamente la lucha
contra lo que ya todos han señalado que constituye un verdadero
anacronismo, que es el colonialismo.

Desde la creación de este Comité se han resuelto 80 casos de ex colonias,
11 casos de fideicomisos y sólo restan resolver 16 cuestiones coloniales,
10 de las cuales son originadas por el dominio en territorios usurpados,
por parte del Reino Unido, y yo vengo a hablar aquí precisamente de la
Cuestión Malvinas.

Por eso quiero agradecer, y me siento honrada de estar aquí presente hoy.
No vengo sola, vengo como Presidenta de la República Argentina y vengo
acompañada también por la mayoría de los partidos políticos de la
República Argentina, con representación parlamentaria. Están aquí, en
varias bancas atrás, duros opositores a mi gobierno, pero que sin embargo
conciben a la cuestión del colonialismo y a la cuestión de Malvinas como
algo que excede, incluso, la cuestión nacional, o de soberanía de la
Argentina para constituirse en una afrenta al mundo, que todos soñamos,
por el que muchos luchamos y por el que tantos murieron en las guerras de
liberación. No queremos más muertes, no queremos más guerras porque las
hemos sufrido internamente, y las hemos sufrido externamente.

Me acompañan, también, ex combatientes, me acompañan también madres de
combatientes, sepultados en Malvinas y cuyos restos no han podido ser
identificados aún.

En una carta que dirigí, recientemente, al señor presidente del Comité
Internacional de la Cruz Roja, le solicitábamos la posibilidad de
conformar un equipo forense, que permitiera a estas madres de Malvinas,
que quieren saber dónde están los restos de sus hijos, cuál es la tumba de
su hijo para ir a ponerle una flor.

No son las únicas mujeres que todavía buscan a sus hijos, en la República
Argentina. También hay otras madres que siguen buscando los restos de sus
hijos para ser identificados, casualmente desaparecidos, en la dictadura
del 24 de marzo de 1976 y que culminara con el gobierno democrático de
1983. Esa misma dictadura que decidió unilateralmente –sin consulta a
ningún argentino – los hechos del 2 de abril, como fuera inclusive
comprobado desde el punto de vista militar hice desclasificar el Informe
Rattembach que era un análisis de los propios militares argentinos sobre
lo que había significado el conflicto desde el punto de vista militar.

Vengo a pedir por el derecho humanitario – se ha hablado de derechos
humanos – creo que nuestro país en el mundo, hoy, es líder en materia de
derechos humanos. Pocos casos recuerdan el juzgamiento con las leyes de la
Constitución, con los jueces de la Constitución y con la defensa que
confiere todo país civilizado como se está desarrollando en la República
Argentina. Pocos países tienen tanta libertad inmigratoria; pocos países
reciben ciudadanos de todo el mundo.

Cuando yo recién escuchaba la descripción maravillosa – que hacía el señor
Vernet – sobre esas Malvinas de su tatarabuela, donde había escoceses,
alemanes, indios, tehuelches, en fin me parece ver a la Argentina. La
Argentina es eso que describía la abuela de Vernet, en 1929.

Yo, señor presidente, soy nieta de españoles, presidenta de la República
Argentina. Nuestro país integrado fundamentalmente por corrientes
migratorias europeas, a finales del siglo XIX, y en la primera mitad del
siglo XX, y luego por corrientes migratorias de nuestra propia región
sudamericana, en la segunda mitad del siglo y en lo que va, nos constituye
en una nación absolutamente cosmopolita y respetuosa de los derechos de
todos los habitantes de nuestro país. Es más viven más ingleses en el
continente que en las Islas, de las cuales hay un militar cada dos
habitantes, como recién señalaba también el señor Bestt.

Yo quiero referirme también a la historia, a una historia que se quiere
negar. No estoy acá porque hace treinta años, estoy acá porque dentro de
unos meses va a ser 180 años que fuimos usurpados. El capitán Pinedo debió
abandonar las Islas porque una corbeta inglesa, muy superior en poderío
militar, como lo era en ese momento el imperio inglés, el gran imperio
naval, del siglo XIX, del cual no era la primera vez que venían a la
Argentina. Ya habían venido antes, los hicieron en 1806, cuando todavía
éramos colonia española, con el General Belford a la cabeza. Mire usted lo
que son las cosas, si hubieran triunfado en ese momento a lo mejor no
estaríamos discutiendo aquí y seríamos como Canadá, un protectorado. Pero
bueno fueron vencidos por el pueblo de Buenos Aires, por sus mulatos, por
sus negros, por sus criollos; las familias más acomodadas hacían tertulias
con el invasor. Pero realmente el pueblo sublevado los echó en 1806, pero
insistieron en 1807, con el General Wailot y fueron nuevamente derrotados.

En 1833 también sufrieron, luego de usurpar el territorio durante un
tiempo, el asedio de rebeldes que se habían escondido – como el Gaucho
Rivero – y que controlaron la situación durante seis meses, bajaron el
pabellón inglés, izaron el nacional, hasta que finalmente fueron
apresados, e inclusive – el Gaucho Rivero – fueron enviado a Londres,
donde las propias autoridades dijeron que no podían juzgarlo porque no
había cometidos delitos en territorio inglés. Esto es la verdad de la
historia, señor presidente. Pero por si faltaba algo puedo acercarles a
ustedes una carta de un argentino, más conocido y más famoso que esta
Presidenta, o que cualquiera de los que estamos aquí en nombre del país,
un hombre al que otros pueblos de la América le deben también su libertad.

Yo agradezco la presentación del señor vicecanciller de la hermana
República de Chile. Estoy hablando del General José de San Martín,
libertador de pueblos, una carta dirigida – y que consta en nuestros
archivos de la Cancillería – en 1816, cuando se estaba tratando en Tucumán
la independencia y cuando él aprestaba su ejército para cruzar Los Andes.

Una carta dirigida al señor teniente gobernador de la Ciudad de San Juan,
pidiéndole más soldados: “que todos los de alta clase que se hallen presos
en esa jurisdicción de sus mandos, sentenciados a los presidios de
Patagones, Malvinas u otros, sean remitidos a esta capital, con copias de
sus respectivas condenas y la mayor seguridad posible comprendiendo
también en ellos a los desertores, contumaces en este delito”.

Mire usted, hasta presos teníamos en Las Malvinas, no solamente población.

Esta carta se encuentra a disposición de este Comité de Descolonización.

Antes de que fuéramos independientes, antes de que conformáramos la
Confederación habían existido 32 gobernadores españoles en Las Islas.

Y todos sabemos que luego de la Paz de Utrecht y del Tratado de
Tordecillas cómo se dividió el mundo y qué pasó con aquellas
jurisdicciones que estaban bajo el imperio español cuando nos
independizamos, en distintas épocas. Por eso es tan importante la carta
del General San Martín, libertador de Chile y del Perú, y junto a Bolívar,
ambos libertadores, de la América del Sur.

Es esa historia la que nos trae hoy y aquí, pero si eso no fuera
suficiente, esta historia que también fue intentada una vez más, en 1845,
ya no solamente el Reino Unido, sino además los franceses, la flota
anglo-francesa, cuando intentó y fue rechazada en la Vuelta de Obligado,
por las fuerzas comandadas por el General Lucio V. Mansilla, primo de
quien dirigía los destinos de la Confederación, el Brigadier General Don
Juan Manuel de Rosas. Mire usted tres intentos y este cuarto, que subsiste
para vergüenza y anacronismo en el siglo XXI.

Pero por si no hace falta la historia, podemos hablar de la geografía.
Cómo puede pretenderse a 14.000 kilómetros de distancia que ese territorio
integra el territorio británico o es parte del territorio británico. Yo
vivo en Río Gallegos, señor presidente, a poco más de 700 kilómetros de
las Islas Malvinas. En las costas de la ría de Río Gallegos se pueden ver
las aves migratorias que vienen de Malvinas: cormoranes, gaviotas de ojos
negros que emigran y que llegan, incluso, hasta el Ecuador, no llegan a
Londres, llegan únicamente hasta el Ecuador. Por eso Las Malvinas no
solamente son argentinas, sino que conforman parte de la plataforma del
continente suramericano.

Por eso es también la necesidad de geografía, zoología, resoluciones de
Naciones Unidas que son tomadas como un instrumento más, formamos parte de
este organismo multilateral que conforman la gobernanza global, 11
resoluciones de Naciones Unidas. La primera en 1965 y debo destacarlo un
logro de la diplomacia de un gobierno que no era del signo de mi partido,
sino que era de la Unión Cívica Radical, y el presidente era el Doctor
Arturo Humberto Illia. Se logra allí la primera resolución (2065) y más
tarde diez resoluciones más y 29 resoluciones de este Comité de
Descolonización. Son incontables además las adhesiones de la UNASUR, de
MERCOSUR, de la CELAP, de SICA, de los países del África, de los países
árabes. Nada importa, porque en realidad lo que se está usufructuando es
la posición de privilegio que el Reino Unido tiene como miembro permanente
del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Quiero también hablar de la diplomacia; decía recién una frase el señor
vicecanciller de Chile: “reanudar las negociaciones entre Argentina y el
Reino Unido”, nunca mejor empleado ese término, señor vicecanciller.
Porque hubo negociaciones entre el Reino Unido y mi país, la República
Argentina, se desarrollaron durante la tercera presidencia del Presidente
Perón, hubo - con la más estricta reserva - a través de lo que se denomina
un wallpaper – es así canciller, ¿no? es un papel, no es un paper, sino un
papel secreto, en el cual el embajador inglés, en la Argentina, por
indicaciones del Foreing Office, toma contactos con Viñas para ver si
podíamos arribar a un acuerdo entre ambos países. Y hace una propuesta que
también figura en la cancillería argentina.

Voy a leer los cinco puntos, sobre los que versaba este acuerdo ofrecido,
que era la forma de condominios. Los condóminos serían su Majestad la
Reina y su Excelencia el Presidente de la República Argentina. Hay
diversas formas de condominios, pero los elementos básicos podrían incluir
lo siguientes: “Las banderas británicas y argentinas serían enarboladas
juntas, y los idiomas oficiales serían inglés y español.

“Segundo.- Todos los ‘nativos’ de Las Islas poseerían doble nacionalidad.

“Tercero.- Los pasaportes de la colonia existente serían reemplazados por
documentos de viajes, emitidos por los condóminos.

“Cuatro.- La Constitución, administración y el sistema legal actuales
tendrían que ser adaptados a las necesidades de un condominio. El
Gobernador podría ser designado alternativamente por la Reina y el
Presidente de la Argentina.

“Cinco.- Los demás cambios constitucionales requerirían el acuerdo de los
condóminos”.

La propuesta británica fue puesta en conocimiento – esto fue junio de 1974
– al Presidente Perón por el canciller Vignes en la más estricta reserva.
Un memoradum, elaborado posteriormente por la Dirección General de
Antártida y Malvinas, con la firma del ministro Carlos Lucas Blanco se
refirió a la propuesta británica en estos términos: “Esta propuesta, de
fecha 11 de junio, del corriente año, era tendiente a lograr una solución
de fondo y fue contestada el 19 de junio por una contrapropuesta, que
avanzaba mucho más en el sentido de favorecer la posición argentina y una
más rápida solución definitiva.

Paso a leer textualmente cuál fue la contrapropuesta argentina: “Las
banderas de ambos países flamearán conjuntamente en edificios y actos
públicos. Las monedas argentinas, británica y local tendrán curso legal
en Las Islas con el tipo de cambios que se fije de común acuerdo. Los
pasaportes o cualesquiera otros documentos actualmente en uso para los
“nativos” de Las Islas serán reemplazados por otro único que los
administradores conjuntos determinarán.

4- Serán administradores conjuntos el Excelentísimo señor Presidente de la
República Argentina y su Majestad Británica.

5- Serán idiomas oficiales en las Islas Malvinas el español y el inglés,
en los cuales estarán redactados obligatoriamente todos los documentos
oficiales.

6- Se adaptarán a la administración conjunta las normas legales del
territorio continental argentino, británicas y vigentes en Las Islas.

7- Los “nativos” de Las Islas gozarán los beneficios de la doble
nacionalidad argentina y británica para todos sus efectos.

El punto 8 y último dice: Alternativamente cada uno de los administradores
conjuntos, designará por el término de dos años al Gobernador de Las
Islas. El primer legislador, bajo el régimen de administración conjunta,
será designado por el Excelentísimo señor Presidente de la República
Argentina; el otro administrador conjunto designará al secretario de la
Gobernación, o si se produjera una modificación en la organización
administrativa del gobierno de Las Islas al funcionario con tareas
ejecutivas, que siga en jerarquía al gobernador.

El punto 9 y principal: Será propósito fundamental de la administración
conjunta facilitar la gradual integración de la posición de las Islas a la
vida política, económica, social e institucional de la República
Argentina.

El 19 de junio, Vignes y el entonces embajador Hodson, estaban en estás
negociaciones. Lamentablemente el 1 de julio de 1974 fallece el Presidente
Perón y más tarde, al poco tiempo, fallece también el Embajador Hodson.

Pero es bueno saber lo que se pensaba desde Gran Bretaña sobre esta nueva
situación. La asunción de María Estela Martínez de Perón como presidenta
planteaba un clima de incertidumbre politica, motivo por el cual el
secretario de Estado Kalaham aceleró el envío de un telegrama a Hodson, en
el que le decía: “aprovechemos esta oportunidad porque podría haber un
cambio de gobierno o golpe de Estado en cuestión de semanas”.

El departamento preparó, incluso, una fórmula para anunciar conjuntamente
“una nueva ronda de conversaciones para explorar las salvaguardas y
garantías a ser ofrecida a los habitantes de las Islas Malvinas, en la
hipótesis de un eventual condominio anglo-argentino”.

Desgraciadamente, señor presidente, los análisis que hacía la cancillería
inglesa – el Foreing Office – acerca de la situación en que derivaría la
muerte del Presidente Perón o la inminencia de un golpe de Estado, que
tardó un poco más, pero que llegó inexorablemente – porque ya estaba
decidido desde mucho antes – abortó esta negociación que existió entre el
Reino Unido y mi país, la República Argentina, en los términos que plantea
precisamente la resolución de Naciones Unidas. Nosotros queremos por eso –
tal cual lo manifestaba el vicecanciller chileno - la reanudación de esas
negociaciones.

¡Qué culpas tenemos los argentinos de lo que no pasó a partir del 24 de
marzo de 1976!

Cuando yo veía hoy en el 10 de Downing Street ondear la bandera que ellos
llaman de la Islas Falkland, sentí vergüenza ajena, señor Presidente,
porque las guerras no se festejan ni se conmemoran.

¿Sabe por qué? Porque la guerra costó muchas vidas, 649 muertos del lado
argentino, 255 del lado británico, 449 argentinos y 264 británicos se
suicidaron después.

¿Qué pensaría, digo señor Presidente, el pueblo alemán o la señora Merkel
si el 8 de mayo, fecha de la rendición incondicional de Alemania, 8 de
mayo de 1945, en el 10 de Downing Street, ondeara la bandera alemana por
debajo de la bandera inglesa? ¿Qué pensaría Japón si el 15 de agosto, el
presidente de los Estados Unidos hiciera ondear en la Casa Blanca la
bandera estadounidense y abajo la bandera japonesa?

Le recuerdo a lo que no lo recuerden, que el 15 de agosto, luego de
Nagasaki e Hiroshima, recién se rindió el Imperio del Japón después de la
Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué, entonces, nos denostan a nosotros que no tuvimos absolutamente
nada que ver con esa dictadura? Es más, fuimos firmes opositores; es más,
fuimos víctimas. Todavía, reitero, estamos buscando a amigos, a
compañeros, a chicos que hoy tienen la edad de mi hijo. Mi hijo podría
haber sido también uno de esos chicos capturados por esa dictadura.

¿Cómo puede alguien moralmente y honestamente plantearnos a nosotros que
somos eso? ¿Cómo pueden plantearnos a nosotros eso, que desde 1983
solamente integramos misiones militares de paz en todo el mundo? Estamos
en Haití, estamos en Chipre; no nos van a encontrar ni en Irak ni en
Afganistán.

Y si de referéndum se trata, por qué no van a hacer un referéndum también
a Afganistán o Irak a ver qué se piensa de lo que están haciendo.

Por eso, señor Presidente, disculpe la vehemencia, yo no voy a adjetivar,
yo no voy a decir cosas sobre ninguno de los que han hablado defendiendo
su posición, porque nuestra cuestión es con el Reino Unido. Porque además,
yo creo que cuando se tienen argumentos, razones históricas, geográficas,
políticas, no es necesario insultar ni agraviar ni mentir; basta solo con
contar las cosas cómo han sucedido, cómo han pasado. Y así han pasado las
cosas.

Ni qué hablar de los recursos, señor Presidente, depredados y sin ningún
tipo de control, recursos ictícolas y petroleros en una zona de paz.

Porque además, señor Presidente, el apoyo de nuestros países hermanos, no
es solamente una cuestión de solidaridad por vecindad, es casi un
ejercicio de autodefensa, porque nuestra región, el Atlántico Sur esta
desmilitarizado y porque además, Argentina, líder en materia de derechos
humanos, es también líder en materia de no proliferación nuclear, pese a
ser el país más avanzado de Latinoamérica en materia de ciencia nuclear.

Tenemos demasiados antecedentes de ser un país de paz, un país que le abre
las puertas como nadie. Una cosa que decía el señor Bets y que me
impresionó, que se tuvo que ir de las islas porque lo perseguían, porque
pensó diferente, porque cree realmente en algo diferente a lo que creen
otros, no importa quiénes.

¿Cuál es esa forma de vida que no admite a otros que piensan diferente y
que tienen que irse? ¿Cuál es esa forma de vida que insulta, agravia y no
deja ni siquiera identificar los restos? ¿Cuál es esa forma de vida por la
cual esta Presidenta tuvo que pedir por favor que nos dejaran ir a los
familiares de los sepultados en Malvinas en avión? ¿Qué tan malos somos
que estamos ofreciendo vuelos semanales de nuestra línea de bandera
recuperada directamente desde Buenos Aires a Malvinas? ¿Qué tan malos
somos que miles de ingleses viven en nuestra parte continental? ¿Qué tan
malos somos que tenemos leyes inmigratorias libérrimas como no tiene
ningún otro país? Yo me atrevo a decir que en pocos países del mundo hay
tanta libertad como en la República Argentina y tanto respeto por los
derechos del otro, derechos de igualdad, derechos de libertad, derechos de
expresión.

Creemos, entonces, señor Presidente, que esta no es solamente una cuestión
bilateral; creemos que es una cuestión global, señor Presidente; creemos
que esta es una cuestión global, señor Presidente, porque el mundo tiene
muchos problemas y el mundo tiene muchos problemas porque, precisamente,
los organismos multilaterales, como el caso de las Naciones Unidas, y esto
no es culpa de Naciones Unidas, tienen diferentes estándares sus miembros.
Si no es miembro permanente del Consejo de Seguridad, puede respetar o no
respetar una resolución de Naciones Unidas. Si uno no es miembro de ese
Consejo de Seguridad, seguramente, si no respeta alguna resolución o viola
derechos humanos, mejor dicho, si viola derechos humanos en países con
petróleo, porque cuando se violan los derechos humanos en países que no
tienen petróleo ni ningún tipo de recursos o que juegan algún ajedrez
especial en el sistema internacional, no pasa nada, señor Presidente.
Yo creo que el hecho de que el Reino Unido no respete las resoluciones de
Naciones Unidas, va más allá de una cuestión bilateral con la República
Argentina. Obviamente, nos afecta en primer término, pero yo creo que
afecta al orden global, creo que afecta a las posibilidades de tener un
mundo más justo, más seguro, más equitativo, más igualitario, un mundo que
está cambiando, señor Presidente.

Estamos ante una época diferente; algunos no lo quieren ver y se aferran a
ese viejo mundo y yo creo que esta cuestión de Malvinas, como las pocas
que quedan, van a tener que ser resueltas más temprano que tarde. Porque
es necesario recuperar no solamente la cordura, sino recuperar los
instrumentos que nos permitan vivir en un orden civilizado en el cual cada
uno sepa a qué atenerse.

Esto es lo que venimos a pedir y por eso decimos que Malvinas no es
solamente una causa nacional, es además, una causa regional porque estamos
defendiendo los recursos de las América del Sur y nuestra zona
desmilitarizada. Pero es además, una cuestión global porque estamos
defendiendo el rol de un organismo multilateral como Naciones Unidas del
cual somos parte que se integra por la Carta de San Francisco y que se
integra además, por el respeto a las resoluciones que son votadas por la
Asamblea General.

¿Con qué derecho se le puede exigir a unos países el respeto y a otros la
violación sistemática? ¿Cuánto tiempo va a durar este sistema si también
se expresa con igual inequidad, con igual injusticia en materia económica?
Bueno, tal vez, lo que no logre la política, finalmente lo termine
logrando la economía, señor Presidente. Porque va a haber grandes cambios;
tal vez no se vean en lo inmediato, pero avecina ya, está en ciernes un
mundo diferente.

Seguir aferrándose a posiciones que surgieron del siglo XIX o con
posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, en un mundo donde los que
amenazan verdaderamente no están sentados ni en el Consejo de Seguridad y
ni siquiera muchos se integran. Las Naciones Unidas nos obligan a todos a
repensar lo que estamos haciendo.

La Argentina está abierta a la negociación como lo demostró esta
negociación que existió en 1974 y que quedó trunca. Y que implica, además,
por parte del Reino Unido al reconocimiento de que hay una cuestión
litigiosa en materia de soberanía. Si no, ¿por qué razón el gobierno del
Reino Unido, a través de su Embajador envía secretamente este papel al
canciller Vignes para ser tratado por el general Perón y luego el general
Perón lo contesta?

Bueno, la historia tiene esas cosas. Muchas veces dicen que los hombres no
forman la historia, pero muchas veces los hombres o lo que les pasa a
determinados hombres y mujeres que son determinantes en un momento
histórico, influyen de una manera a veces beneficiosa y a veces es fatal
para el curso de los acontecimientos.

Pero venimos aquí sin ningún tipo de rencor, sin ningún tipo de ofensa,
con la certeza y la seguridad de que somos un país abierto y que vamos a
seguir cumpliendo estrictamente las resoluciones de Naciones Unidas
demandando la apertura de esas negociaciones. Negociaciones que, por otra
parte, en el mundo que se avecina, donde las tres claves van a ser
energía, alimentos y ciencia y tecnología, el Reino Unido debería actuar
con mayor grado de inteligencia y no utilizar esta cuestión como una
cuestión para ser internalizada en su política interior. Debería actuar
con mayor inteligencia porque una negociación entre ambos países que
destrabara muchas cosas, permitiría asociaciones que tal vez fueran
beneficiosas para el conjunto de la América del Sur y para todos los
países y para el mundo porque otra de las cosas que no han advertido
quienes llevaron adelante la globalización, que ya ninguno podrá tener una
determinada situación sin que influya en el otro. Miren lo que está
pasando en el mundo de la economía global.

Por eso digo que detenernos en Malvinas, solamente como en una cuestión
bilateral, territorial o de soberanía, es achicar el caso. El caso de
cuestión de Malvinas es algo más: es un desafío, un desafío a nosotros
mismos, a los organismos multilaterales, a los gobiernos de que sean
capaces de superar prejuicios, de superar cliches de lo que ya no son ni
volverán a ser porque el mundo ha cambiado y hay nuevos protagonistas.

Lo único que pretendemos, señor Presidente, es dejar atrás esta historia
de colonialismo, esta historia anacrónica y construir una nueva historia
en base al diálogo.

Mire que poco pedimos: dialogar. No estamos pidiendo que nos den la razón;
no estamos pidiendo que diga que “sí, las Malvinas son argentinas”.

Estamos pidiendo apenas nada más ni nada menos que se sienten a una mesa a
dialogar.

¿Puede alguien en el mundo contemporánea negarse a dialogar y luego querer
convertirse en adalid de los derechos humanos, de las libertades, del
mundo civilizado, del mundo occidental y cristiano? La verdad…la verdad
que no, señor Presidente.

Por eso, creo que luego de las intervenciones del señor Bets y del señor
Vernet, ni siquiera hubiera sido necesaria mi intervención.

Ellos describieron esas Malvinas de aquellos años como cuando yo los
escuchaba, reitero, parecía que estaban describiendo un barrio de la
Ciudad de Buenos Aires o de una provincia Argentina, la mezcla de
culturas, la mezcla de nacionalidades.

Eso es lo que es Argentina, lo que siempre fue y quiero, para finalizar,
agradecer el apoyo que ha tenido innumerable cantidad de países del
MERCOSUR, de la CELAC, de SICA, del Comité de Descolonización, de los
países árabes, de los países africanos, de todos aquellos que creen que el
colonialismo es algo que debemos dejar definitivamente atrás para
construir el nuevo mundo que todos nos merecemos y del que tenemos muchas
más necesidades de las que creemos.

Muchas gracias, señor Presidente; muchas gracias, señores miembros del
Comité.


|| Fuente: (csg)







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