Argentina: Volver a los 17

6

Argentina: Volver a los 17

“…es como descifrar signos

sin ser sabio competente”

Violeta Parra

 

La verdadera democracia

 

¿Qué sabio se sentirá autorizado para descifrar al pueblo? Sin embargo, es lo que hacemos todos los que pensamos la política. En esta puja de poderes, los democráticos -porque existen los que no lo son, y trabajan contra los gobiernos populares todo el tiempo-, entendemos que no hay una verdadera democracia si no existen mecanismos que canalicen la voluntad popular más allá del voto. Tales mayores derechos para el pueblo constituyen, para los poderes permanentes, algo intolerable. Por cierto que no coinciden los intereses: los del pueblo, que viene corriendo de atrás y los de los privilegiados que no se dejan alcanzar, dueños de todo tipo de resortes tramposos y artilugios financieros, leguleyos y mediáticos propios del poder oligárquico. El golpismo, dicho de otro modo, que ahora prepara y ajusta todo el tiempo los llamados Golpes Blandos, que ya lograron las destituciones de Evo Morales , Dilma Rousseff y otros, además del encarcelamiento amañado de Lula Da Silva y el desgaste paralizante de Cristina Fernández.

 

El subsuelo emerge

 

La irrupción del peronismo en la historia hizo que ese nuevo actor que afloraba, el pueblo trabajador, pasase a tener poder. Aquel 17 de octubre de 1945 hizo visible esa nueva realidad que sorprendió a los hasta entonces únicos actores privilegiados: diarios, clases dirigentes empresarias, agropecuarias, bursátiles, políticas, religiosas, culturales. Basta con ver que las leyes del diputado Alfredo Palacios eran letra muerta, imposibles de realizar debido al control de la clase oligárquica que dominaba férreamente el terreno.

 

Una característica central del 17 fue que la movilización popular se despegó de la representación formal de los trabajadores y como dijo Scalabrini Ortiz, se sublevó mientras la CGT decretaba un paro no muy convencida para el día siguiente, el 18. Pero el pueblo quería a Perón y nada pudo contenerlo. El hecho de que el general Farrell tuviera que traer a Perón a casa de gobierno y pedirle que “les hable para que se vayan” , demuestra que no había quien pudiera hablar en nombre de esa multitud, más que Perón. No confiaban sino en él. Algunos dirigentes obreros actuaron y también Eva. Pero ese nacimiento del peronismo, esa decisión popular generada por Perón y su conducción fue un hecho que, como punto de inflexión de enorme apoyo popular nadie imaginaba.

 

Un 17 autogestivo

 

Esa relación del tipo “democracia directa” sin intermediarios, es lo que parece haber funcionado el último 17. Esa fiesta popular después de 4 años de amargura neoliberal retomó la alegría del triunfo en las urnas. Fueron grandes hitos de la construcción actual en marcha: la decisión de Cristina y aceptación de Alberto de presentar la fórmula que desconcertó a todxs, la campaña, el triunfo, y el festejo. En este Octubre después de siete meses de parálisis por Covid, la movida que se venía programando para dar apoyo al gobierno de Alberto y Cristina, jaqueado por los poderes concentrados del privilegio, era una reunión no presencial en la que se le ofrecería a Alberto desde las estructuras formales, la presidencia del PJ con un millón de asistentes internautas. Pero terminó siendo otra cosa.

 

Las mayorías que apoyaron al Frente de Todxs salieron a la calle a manifestarse. Por todos lados aparecieron caravanas respetando los protocolos sin descender de los vehículos -bueno, no todes, es cierto- y fue lo que finalmente provocó el milagro de una gigantesca movilización en todo el territorio nacional. Se alejó el fantasma existente para muchos, de “la pérdida de la calle” que nunca estuvo en riesgo pero había que testear. La democracia participativa se fortalece con las manifestaciones de apoyo siempre jubilosas, que insuflan energías incomparables. Se vuelve a votar.

 

La maravillosa música

 

Todo el sistema representativo de las llamadas democracias modernas en el mundo globalizado, parecen destinadas a controlar los movimientos e impedir la palabra del sujeto histórico. Los poderes dominantes domestican con todos sus medios al pueblo, que es llamado solo a votar según el calendario electoral. Y también en diversas geografías se levantan las resistencias a esas opresiones. Los pueblos, cuando no los escuchan, gritan. Como en Chile.

 

Néstor y Cristina tuvieron sus masas, sus multitudes con las que gobernaron doce años. Si se lo mira en términos no políticos, es decir incorrectamente, parece que es una cuestión de “egos”, “necesitados” de ese afecto. Eva, cariñosamente Evita, se planteaba como puente de Amor. Algo inentendible para muchos analistas y academias. Pero el peronista sabe y siente.

 

Y llegó el 27

 

Grandes movilizaciones con caravanas desbordaron el homenaje sentido hondamente por quienes recuperaron con Néstor la fe en la política, incluidas las multitudes de jóvenes que conocieron la esperanza compartida en un proyecto. El acto protocolar que desbordó de emoción a Alberto en el correo de la corrupción M, hoy Centro Cultural Kirchner: convertido en un reservorio de memoria patria ahora con él en estatua que señala el camino; la creatividad popular en la Plaza con la imagen de Néstor en la Pirámide de las Madres y miles de velas encendidas. Otra vez la voz del pueblo que apoya, uniendo en la base lo que cuadros medios y altos no siempre tienen claro. La contundencia democrática de la Unidad y la Movilización. Somos movimiento.

 

Es una mayoría popular que tiene un gobierno al que siente propio, con el que comparte símbolos aglutinantes muy fuertes, dentro de los cuales Néstor es bandera y puente formidable que une a Alberto con Cristina y que permite que ambos sean ratificados por las bases que no se confunden ni un poquito. Esa simbología nutrió las caravanas.

 

Y también llegó la carta de Cristina. Con lecturas diversas según los intereses de los lenguaraces mediáticos, bien recibida por Alberto, una verdadera carta de situación con propuestas sobre cómo seguir, cuáles son los peligros que ve, con diagnóstico del problema principal, equivale a una síntesis apretada que remite a sus análisis habituales durante sus gobiernos, solo que eran casi diarios. Lo que empachaba a la contra y clarificaba a los propios.

 

Dicen que no se transfiere

 

Es presumiblemente cierto que no se “pasan” ni los votos ni el cariño popular. Pero sí se pueden pasar las claves, las coordenadas del poder popular, al menos en el código peronista, recogido de la verdadera historia que entronca a la Argentina con la Patria Grande. Como dijera el General aquél 17 “el pueblo no traiciona a quien no lo engaña”. Así fue el amor que consolidaba los liderazgos de San Martín, Belgrano, Artigas y Bolívar y nuestros caudillos federales. Resistir al opresor hasta dar la vida para el regreso, luego de 18 años, fue parte de esa épica que consolidó al movimiento que acaba de cumplir 75 años de edad.

 

Hubo un gesto de Cristina que ratificaba uno anterior, el de la conformación de la fórmula. Fue el 10 de Diciembre de 2019, cuando frente al pueblo Cristina se dirige a Alberto y le dice que se apoye en ellos, que son los que lo acompañarán lealmente cuando arrecie la contraofensiva liberal. Pero lo tendrá que conquistar. Y esto, lo sabemos, es a pura decisión y coraje volcado en obras.

 

Profundas verdades que los politólogos de cuño europeo y norteamericano no suelen entender cuando hablan de populismo. No es demagogia, es cumplimiento de la palabra empeñada y del contrato político que es lo que se vota. También un entrocarse, el movimiento político actual, en una historia de luchas por la independencia y por la justicia social. Una lucha que tiene en el próximo 17 de noviembre una fecha que recuerda la vigencia del movimiento nacional que logró mantener, en el pueblo, el apoyo que haría del Retorno otra batalla ganada: la de seguir convocando a las mayorías a realizar un destino nacional soberano e inclusivo.

 

 

 

 

 

 

Marcelo Cabeza

Psicólogo, Director del portal Transformar Argentina.