Diez años cumple Pakapaka y “Zamba” sigue siendo su emblema

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‘Zamba’ es bellamente colectivo y esto desencanta a quienes caen a veces en la tentación de reivindicarlo como una proeza individual. Su estilo y discurso de  busca no ser nunca complaciente, dice su creador.

Sebastián Mignogna, uno de los directores generales de la productora El Perro en la Luna, creadora de la serie animada “Zamba”, mayor emblema de la señal pública Pakapaka que mañana cumple 10 años, la considera “emergente de una época, dentro del marco de una pantalla que protege, inspira y estimula la creación de estos relatos”.

“Quizás lo consagratorio en ‘Zamba’ no sea su creación, sino, más bien, sus reinterpretaciones y resignificaciones. Creo, como dice (el historiador) Javier Trímboli, que ‘Zamba’ es bellamente colectivo y esto desencanta a quienes caen a veces en la tentación de reivindicarlo como una proeza individual”, arriesga Mignogna en una entrevista con Télam.

Además del impacto de “Zamba”, la compañía dirigida también por Cecilia Atan, sumó a Pakapaka las andanzas de “Siesta Z”, una niña con narcolepsia y fanatismo por los clásicos de la literatura, dos asuntos que se mezclan en sus imprevistos sueños.

En el caso de las andanzas del niño formoseño José, apodado “Zamba”, apareció en 2010 en la pantalla de la emisora perteneciente al Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos como protagonista de la serie “La asombrosa excursión de Zamba” y desde entonces encadenó 57 capítulos en siete temporadas pero, además, su impronta fue más lejos de la TV.

El niño y sus aventuras alcanzaron un esquema interactivo con contenidos en la web, además de ser la estrella del parque temático con acceso libre y gratuito en el predio de Tecnópolis y de girar con esa propuesta por diferentes puntos de la Argentina.

Télam: ¿Cuando lanzaron “Zamba” pensaron que iba a devenir en símbolo y emblema de Pakapaka y más allá del canal?
Sebastián Mignogna: La popularidad de “Zamba” y su capacidad de representar políticas públicas son un privilegio, pero sobre todo un enorme desafío. El estilo y discurso de “Zamba” busca no ser nunca complaciente. Sobre todo porque la gran empatía e identificación del personaje con las infancias nos obligan a no traicionar su naturaleza desacartonada, divertida, alegre y curiosa. Quizás lo consagratorio en Zamba no sea su creación, sino, más bien, sus reinterpretaciones y resignificaciones.

T: ¿Imaginaban que por ese impacto “Zamba” iba a ser demonizado por la administración macrista?
SM: Quizás las etiquetas tengan más que ver con el temor o la mediocridad de una gestión, la de los medios públicos, que en su promedio general no logró nunca elevarse por encima de esa mediocridad. Una penosa puesta en escena más destinada a la distracción y a la confusión, mediante afectados gestos mediáticos, que a una gestión verdaderamente productiva. Convirtieron así la imagen de los canales en una suerte de fondo de pantalla, mudo e inofensivo.

T: En ese sentido, ¿Qué valor le atribuís a los canales públicos educativos? ¿Y en particular a un canal para las infancias que abrió espacios para mostrar la producción audiovisual argentina en la materia?
SM: La determinación política fundamental, creo, no es solo crear canales educativos en un complejo y deprimido mapa de medios, sino, aún más, la muy desafiante exigencia de generar un umbral de alta calidad en la creación y producción de contenidos culturales y educativos. Interpretar y mejorar los consumos populares es poner a los medios públicos en el medio de la escena. Una escena, además, en la que la televisión comercial argentina aparece como aburrida y conservadora –una suerte de nobleza decadente que pelea por conservar sus privilegios-.

La irrupción de los canales educativos amplía los márgenes de discusión y de disputa por la producción de los contenidos audiovisuales. Sobre todo porque dinamiza y profundiza un modelo de producción de pequeña y mediana industria. Ahora bien, la conservación y el crecimiento de este ecosistema dependen, de un lado, de la voluntad y decisión de una gestión que evite el auto-acuartelamiento ideológico, y del otro, de los creadores y productores, de que sean (seamos) capaces de dejar atrás un cierto costumbrismo aburrido en el que se incurre a veces, y que termina limitando el éxito y la popularidad de muchos contenidos. Los canales nos siguen interpelando, y creo que huir de ese desafío, de esa oportunidad, es renunciar a recorrer el camino de transformaciones profundas en la circulación de los productos culturales.

T: ¿Qué desafíos tiene “Zamba” por delante? ¿Podés contar algo de lo que están trabajando?
SM: El desafío es que “Zamba” no quede atrapado en la formalidad del sistema educativo. En la comunidad de “Zamba” habitan niñas, niños, familias y docentes, agudizar la escucha sobre nuestras audiencias mejora el algoritmo de creación y producción de contenido, y sostiene sobre todo la pregnancia de nuestros personajes y relatos. Ampliar el mundo de “Zamba” es incorporar nuevos personajes, lenguajes y tecnologías que puedan interpelar y representar nuevas realidades de las chicas y chicos.