El Gaucho Rivero, un olvidado de la historia oficial

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Cuando a principios de 1833 el teniente coronel de marina José María Pinedo huye de Malvinas sin ofrecer resistencia a la prepotencia del capitán John James Onslow, quien a bordo de la corbeta inglesa Clío había desembarcado en Puerto San Luis, no solo abandona las Islas, sino que, también, deja sin protección a los peones rurales que cumplían sus labores en los campos malvineros.

Mal pagos, mal comidos y encima con la autoridad inglesa pisoteando suelo patrio y enarbolando una bandera extranjera bajo ese cielo plomizo, a esos gauchos montaraces, criollos hasta la médula, no les fue difícil sublevarse y abonar, quizá sin proponérselo, las luchas por la justicia social y la soberanía territorial. El encargado del establecimiento rural, el jefe político y militar de los usurpadores y sus secuaces, fueron pasados por las armas, con la misma destreza con que los peones se manejaban en los campos helados y turbosos.

Así, la Azul y Blanca, el 26 de agosto de 1833 volvió a flamear sobre las cabezas de esos argentinos.

A poco más de cuatro meses arribó a las Islas la fragata  Challenger comandada por el capitán Seymour, quien encomendó al teniente Henry Smith el apresamiento de esos paisanos. Lo logró. Pero necesitó de varias partidas ya que Rivero y sus compañeros no hicieron lo de Pinedo. Resistieron con tenacidad.

Se dice que, una vez de regreso a la argentina continental, Antonio Rivero fue recibido por el Brigadier Juan Manuel de Rosas, quien, por su valor demostrado frente al usurpador inglés, le dio algún grado militar.

Se dice, también, que el Gaucho Rivero, entrerriano de nacimiento, murió en la Batalla de la Vuelta de Obligado combatiendo, justamente, a ingleses y franceses.

Antonio Rivero, un olvidado de la historia oficial. Esa historia escrita por los súbditos con sangre argentina que tiene la corona británica y que envenenan las mentes de generaciones de compatriotas.

El Gaucho Rivero, estuvo presente con los Cóndores de Dardo Manuel Cabo el 28 de septiembre de 1966. Y estuvo en las trincheras y en los pozos inundados de agua helada y panza vacía junto a los soldados en 1982.

Será tiempo que ese mismo Gaucho, camine por todas las calles argentinas; por todos los barrios y escuelas; por todas las  universidades y fábricas. Y mejor aún: por todas las conciencias de los argentinos bien nacidos.